Serie de ensayos. Ensayo 1
Serie de ensayos. Primera serie. Lo individual
y lo social.
Ensayo I. Individuo y sociedad.
Uno
podría pensar que definir al individuo no es una tarea demasiado compleja. Un
individuo es una persona, en singular, es esa persona sola, aislada del resto del
mundo y de su medio ambiente.
Sin embargo si pensamos que individuo proviene
de "indivisible" es decir algo que no se puede dividir y forma una
sola cosa o ente ya estamos cometiendo el primer error de enfoque. Físicamente
somos individuos y hemos convenido llamar individuo a una persona en singular,
pero las personas en realidad no somos una sola en todo el sentido de la
palabra. Tenemos otros entes internos que conviven dentro de nosotros y estos
entes muchas veces (casi siempre) combaten y discuten para imponerse uno sobre
los otros, y de hecho nos dividimos internamente ya que no tenemos siempre el
mismo estado y no pensamos ni actuamos siempre de la misma manera ni siquiera
ante situaciones similares.
la sicología convencional ha definido a tres de
estos entes internos, estos "otros yo" que tenemos adentro. Los ha
catalogado como súper yo, ello, y yo adulto. Otras corrientes los han
denominado como el yo niño, el yo, y el yo adulto, o el yo del deseo, el yo del
deber y el yo directivo. Esto significa lo mismo en todos los casos, hay algo
que nos indica lo que queremos hacer, otro lo que debemos hacer y un tercero
que debe mediar, sopesar y decidir para que lado se inclina. Esta tarea
compleja e intrincada es la que puede dar como resultante el equilibrio o los
desequilibrios emocionales.
Pero como este no es un tratado sobre la teoría
de los tres yo internos, por ahora diremos que internamente no somos
indivisibles y que no somos siempre los mismos, o mejor dicho, somos siempre
los mismos pero vivimos en estados diferentes.
Y he aquí uno de los puntos cruciales, la
diferencia en el concepto y en la carga misma de estos dos verbos, el ser y el
estar. Si lo enfocamos desde el punto de vista pragmático debemos decir que la
única esencia del ser humano es la de sus estados, y entonces uno puede verse
confundido en la definición porque si finalmente los estados nos dan la razón
del ser, el ser no es más que la suma, la resta, la división o potenciación de
sus estados, lo que una vez más nos arroja que estar es lo mismo que ser y esto
tiene consecuencias directas en la formación de las ideas, los criterios y las
conductas que adoptamos.
La alusión al ser nos devela un estado
permanente, inmutable, incólume, lo que es, es y siempre es lo que es, no puede
cambiar ni mutar porque en cuanto lo hace deja ya de ser lo que era.
El problema es que usamos el verbo ser y el
concepto de ser a cuestiones que no tienen que ver con el ser sino con estados
de ese ser. Uno dice sin temor al error que ES casado, o ES soltero, o ES
viudo, o ES bueno, o ES humilde, o ES soberbio, etc. De ser así siempre y bajo
toda circunstancia debemos mantener ese ser y eso es a todas luces inviable. De
modo que cuando alguien piensa o dice de si mismo SER algo en particular lo que
hace mentalmente es asumir que eso que dice ser no va a cambiar y siempre va a
ser igual. Alguien que se dice a si mismo que ES depresivo lo será por siempre,
alguien que dice SER alegre deberá estar siempre alegre, suceda lo que
suceda...
Mientras que el uso del verbo estar y su
concepto ideológico es mucho más saludable, porque alguien puede sentir que
está deprimido pero es al ser un estado, es temporal y provisorio por lo tanto
puede cambiar. El estado civil puede cambiar sin sentir ninguna culpa o trauma
si uno asume que ESTA casado o ESTA soltero, si uno ESTA triste puede cambiar
su estado y ESTAR alegre.
De todo esto, y para lo que nos convoca en este
ensayo, rescatamos que el individuo no es en realidad alguien aislado del resto
del mundo y del ambiente, y que ni siquiera puede estar aislado de sus propios
estados. Aquella frase que popularizó Ortega y Gasset de que el hombre es el
hombre y sus circunstancias, es mucho más profunda de lo que parece a simple
vista. Me permito transcribir un párrafo de Lesbia Gómes Suero: " Las situaciones o circunstancias en la vida ordinaria del
hombre, tienen sus razones y fundamentos en las “causalidades”. Y cuando estas
se presentan como eventos negativos, se derivan por las imprudencias que a
diario comete el hombre como género. Quiere esto decir: que el hombre tiene una
responsabilidad directa e implícita para replantearse la necesidad de cambiar
sus atávicos modelos conductuales, como ente espiritual y humano, y como parte
integrar del contexto familiar y social.
El temor de usar el verbo estar radica en que
una vez que asumimos que somos SERES y que debemos mantenernos siempre iguales
y leales a nuestros principios y escalas de valores, se nos hace muy difícil
entender y aceptar que aún siendo los mismos somos más de uno según el estado
en que nos encontramos.
Pero, dicho ya, nos ocupa entender el concepto
de lo individual y lo social de manera práctica y no filosófica y sobre todo
entender el verdadero significado de lo social y sus efectos en el individuo.
Como individuos pertenecemos a un conjunto
social y en ese conjunto convergen los distintos estados de las distintas
personas y eso es lo que le otorga semejante complejidad al tema. Como si no
bastara tener que lidiar con uno mismo y sus propios ángeles y demonios,
debemos salir al mundo y lidiar con los ajenos y tratar de que convivan de
forma pacífica. Algunos especialistas en el tema afirman que no hay ninguna
probabilidad que en forma global el ser humano pueda lograr convivir y
coexistir pacíficamente debido a este enjambre que se forma al hacer converger
en un mismo espacio tantas variables distintas y hacerlas coincidir en el
tiempo y en el espacio.
La sociedad como tal ha sido estudiada pero con
un detalle no menor, es el hombre estudiando al hombre, es decir el elemento de
estudio es el mismo que el que lo estudia, lo que hace muy complicado hacer
abstracción y ser objetivos. A pesar de esto, la sociología es aceptada como
ciencia gracias a que puede cumplir con los tres requisitos fundamentales sobre
el elemento de estudio, que son 1) Conocer el origen de la cosa. 2) Conocer su
estado actual y propiedades y 3) Poder
predecir el comportamiento del elemento de estudio.
Definitivamente la conducta social es plausible
de ser predicha, siempre en un marco referencial acotado, pero no cabe duda
alguna que se puede predecir la conducta de un conjunto social ante
determinados estímulos.
La sociedad fue definida en un principio como
la suma de las individualidades que convergen en un espacio y tiempo común, sin
embargo se pudo demostrar que no era esa la fisiología de la dinámica social.
Luego se estimó que en realidad la sociedad era una mezcla de individuos, esto
significa que cada persona va al conjunto, allí modifica su conducta y cuando
regresa a su fuero íntimo recobra la conducta anterior que lo identifica como
individuo.
Hoy sabemos que ni una ni otra teoría dan en el
clavo sobre la definición de sociedad.
Las sociedades, entendidas como grupo de personas que conviven en un
lugar y en un tiempo común son una interacción de la mezcla y del individuo, es
decir es una combinación. Para entender esto de la mezcla y la combinación es
bueno recurrir a la química básica. Mezcla es un grupo de elementos que luego
pueden ser separados sin que pierdan sus propiedades particulares. Combinación
es un grupo de elementos que una vez reunidos dan como resultado un elemento
nuevo y distinto llamado compuesto, en el que ya no se pueden separar sus
elementos sin que sufran alguna alteración.
Pues bien, el individuo toma del conjunto
pautas y normas que las utiliza de forma privada y lleva sus formas personales
al conjunto, de manera que cada uno de nosotros deja en el conjunto una parte y
se lleva una parte de otro.
Las normativas de convivencia social surgieron
de una necesidad implacable: poder predecir la conducta del otro. A través de
una norma social podemos saber que otro no va a hacer algo que entra en el
conjunto de hechos desaprobados socialmente.
El ejemplo más común que se da para este caso
es el de la vestimenta. El hombre empezó a vestirse por necesidad, para
protegerse del medio ambiente, pero hoy esa necesidad ya no existe y sin
embargo la norma ha perdurado miles de años. Hoy, aún si estuviésemos mucho más
cómodos sin ropa no nos atreveríamos a salir a la calle desnudos.
La percepción de desnudez es en si misma una
compleja maraña de elementos que se aúnan para que la norma persista, hay un
esquema de opresión y represión de la desnudez que deviene de la necesidad de
controlar y gobernar las voluntades por parte de los dogmas religiosos y otro
elemento mucho más íntimo que está relacionado con la sensación de
vulnerabilidad que nos da la desnudez. Incluso hay muchas personas que no
pueden verse a si mismas desnudas, y sobre las cuales actúan también elementos
sociales muy francos como los conceptos de belleza, estética y la imposibilidad
de vernos a nosotros mismos como nos ven los otros.
Otro ejemplo de lo social aplicado al individuo
es el proceso de socialización iniciado ni bien una persona nace, y se le
comienza a infundir aquellas pautas de "normalidad" es decir lo
ajustado a las normas, lo que es aceptado y lo que no lo es, lo que se debe y
lo que no se debe hacer, y todo esto no es más que el cúmulo de pautas que le
dan origen a la cultura de una sociedad. Toda cultura es adquirida puesto que
no nacemos con cultura ni conciencia de las normativas sociales.
Si retrocedemos en la historia nos vamos a
encontrar que desde la misma edad de piedra, aún cuando el hombre no tenía
siquiera un lenguaje oral o escrito, ya existían y se imponían normas sociales
o de convivencia. Es tan lejano en el tiempo que nos cuesta entender que por
ejemplo, el valor negativo del robo, y las penalidades por el mismo, por
apropiarse de algo que no le es propio se originó como norma cuando el hombre vivía
en cavernas y estaba dirigido a preservar a la hembra de cada macho para que no
sea robada por otro, impulsado por su instinto de reproducción.
Mucho más adelante en la historia, en la
antigua Inglaterra, las relaciones sexuales estaban prohibidas, porque tener
hijos atentaba contra la subsistencia de la población que no contaba con los
recursos para aumentar su densidad poblacional, de modo que había una ley que
establecía que aquellas parejas que deseaban tener un hijo debían contar con un
permiso especial del Rey. Una vez otorgado ese permiso, un auditor de la corte,
colocaba un cartel en la puerta de la vivienda que rezaba: Fornication Under
Control of the King, lo que dio origen a la palabra FUCK, usando las iniciales
de dicho cartel.
La edad media fue sin dudas el período más
oscuro en cuanto a la represión de la sexualidad humana y fue en esa etapa en
la que se originaron muchos de los principios morales que siguen vigente aún en
nuestros días. De ello se desprende otro ejemplo sobre la interferencia de lo
social en lo individual, nada menos que el concepto de monogamia. La monogamia
es en términos biológicos contra natura, pero representa el costo que el hombre
decidió pagar para no ser víctima de una lesión a su ego. Persisten sociedades
en las que la poligamia forma parte del acervo cultural pero son una escasa
minoría en el contexto mundial, no es casual que esas sociedades sean algunas
de las más antiguas que se conocen y que por alguna razón han mantenido su
tradición.
Existen otras sociedades que a pesar de adoptar
la monogamia, le dan al macho de la especie un papel preponderante y a la mujer
un rol secundario y absolutamente pasivo, devenido esto de las antiguas
tradiciones en las que el hombre era el guerrero y abastecedor de los bienes necesarios
para la subsistencia.
Pero en nuestra sociedad y en nuestros tiempos,
si bien las pautas son distintas y a veces radicalmente opuestas, seguimos
teniendo la semilla de aquellas antiguas pautas de conducta y siempre las
normas sociales devienen de una necesidad que en algún momento deja de existir
aunque la norma persista, y esa es la semilla del conflicto. Si tenemos una
necesidad vigente y una norma que la atiende no hay problema, si la necesidad
se extinguiera y con ella la norma, tampoco habría conflicto, pero cuando la
necesidad que le dio origen a una norma finaliza y la norma queda vigente, se
produce un choque frontal y que pone de manifiesto a aquellos yo internos y la
disputa por decidir para que lado nos vamos a inclinar.
No podemos decir que las normas sociales no
sean necesarias, por el contrario, sin ellas sería casi imposible organizar una
sociedad, el problema no radica en ello sino en nuestra incapacidad para
discernir la circunstancia en que la norma es útil y en la que es perniciosa.
No existe persona en su sano juicio que sea capaz de hacer siempre
absolutamente lo que le venga en ganas ante el conjunto social, y no existe
persona alguna que no reniegue y se proponga incumplir algunas de las normas
que se le imponen socialmente.
Desde el vamos, en las sociedades occidentales
tenemos un matrimonio problemático y profundamente conflictivo. Y es que la
mayoría de nuestras escalas de valores fueron elaboradas a partir de los dogmas
religiosos, aunque no nos demos cuenta, y las religiones tradicionales fueron
creadas en oriente, donde el dogma tenía una relación directa con la forma de
vida de esas sociedades, en cambio en occidente, donde la cultura nos lleva al
consumo, al confort y al placer terrenal, esas pautas del despojo absoluto de
lo material en la que se apoyan los dogmas nos resultan inaplicables e
impracticables. Aún los más espiritualistas y menos materialistas deben, cuando
viven en sociedad, vestirse, procurarse el alimento y convivir con el resto de
la sociedad y sobre todo vencer las infinitas tentaciones de la vida, sobre
todo en tiempos en que tenemos acceso a toda la información en tiempo real y
estamos "conectados" con el mundo aunque sea de forma telemática.
Todo lo que hacemos, y decidimos, tiene un
componente social, sea por adhesión o por rebeldía. La elección de la ropa, los
hábitos alimenticios, los eventos familiares, la música que escuchamos, los
muebles que elegimos, los colores que nos gustan, los productos que compramos,
los que rechazamos, la atracción física o intelectual para con otros, las
celebraciones, los duelos, las festividades, la elección de una carrera, de un
oficio u ocupación, la manera de hablar, el lugar en donde vivimos o donde nos
gustaría vivir, la inclinación por las artes, el ejercicio de la sexualidad,
los proyectos de vida, todo, absolutamente todo está relacionado con el medio
social en el que vivimos y nos criamos. Es una relación tan directa que hasta
podríamos proponer que en realidad no existe una diferencia entre el individuo
y la sociedad, que son lo mismo, o al menos una parte fundamental de la misma,
y no me refiero al hecho obvio de que sin personas no habría sociedad, sino a
hecho en si mismo de la indivisibilidad entre las personas y el medio social.
la dinámica de grupo explica en muchos casos
esta fisiología social, pero no pretendo darle ese enfoque por cuanto la
sociedad misma está conformada por
diversos grupos y subgrupos que el postmodernismo denomina como tribus
sociales, pero si uno observa con cuidado la interacción de estos grupos
diversos entre sí hallará un sin fin de semejanzas con la dinámica de grupos
personales.
En todo grupo, por pequeño que sea, siempre
habrá personalidades expansivas e introspectivas, condiciones de liderazgo y
gregarismo, alguien siempre ganará las batallas o discusiones, alguien impondrá
su criterio sobre otros, y alguien aceptará el criterio ajeno. Entre los grupos
sociales ocurre lo mismo, hay grupos dominantes, mayoritarios, que imponen
condiciones, grupos de liderazgo, y grupos sumisos y obedientes, habrá
aceptaciones y rebeldías, y todo lo que hay en cualquier grupo pequeño, ya que
no importa la magnitud del conjunto siempre somos personas, seres humanos los
que los componemos y arrastramos con nosotros nuestras cargas, fortalezas, debilidades,
dudas, certezas, creencias y opiniones subjetivas.
Dado esto de versar, de manera somera y
superficial el aspecto y la importancia de definir al individuo y a lo social
podemos avanzar en cuestiones más específicas y concretas, tratando de no perder
de vista que más allá de los pareceres subjetivos, las creencias y los puntos
de vista hay cuestiones que no pueden ser negadas ni discutidas, o para mejor
decir, se pueden cuestionar y no ser aceptadas, pero de ningún modo tal postura
ha de modificar aquellas realidades que tenemos por demostradas gracias al
estudio, la observación y a experimentación, algo que no solemos valorar ni
asumir como imprescindible, ya que por lo general tendemos a suponer que lo
válido es aquello que nosotros mismo concebimos y pensamos y que en realidad no
es necesario aprender demasiado ni es útil el conocimiento, ya que todo en la
vida es una cuestión de fluidos que decantan espontánea y naturalmente y no
vale la pena ocuparse de entender, aprender o aceptar algo que va en contra de
nuestra propia visión de las cosas. Esto es también un elemento crucial en la
fisiología social y formas parte de la cultura de una sociedad, es causa de
muchos efectos de los cuales luego renegamos y no logramos hallar ni el origen
ni la razón por la cual nos ocurren ciertas cosas.
De hecho, algo que está demostrado es que
apenas el 6,5% de las personas se ven inclinadas y curiosas, interesadas y
deseosas de instruirse sobre las temáticas humanísticas. A la mayoría de las
personas esto le resulta demasiado complejo como para abordarlo, tedioso y
aburrido, además de innecesario y no es casual que los países desarrollados
inviertan dinero y esfuerzo en la sociología y tengan tendencia a la
comprensión del ser humano para mejorar sus organizaciones sociales. Al
contrario que en nuestra sociedad, en donde los intereses son mucho más
superficiales y urgentes, la coyuntura y el día a día no nos permite entender
el valor a largo plazo que tiene ocuparse de estos aspectos humanos y si
cupiese alguna polémica, basta con ver los resultados y el estado actual de las
cosas para refrendar lo dicho.

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