De la angustia a la comodidad de la cuarentena.

 Si dijera sin rodeos y sin una explicación previa que el mal llamado aislamiento social, vulgamente conocido como cuarentena se ha convertido para muchos en la escusa perfecta para acomodarse en un lugar desde el que puede negar y evitar ver la realidad de su propia vida, muchos dudarían o incluso se opondrían de plano a esta idea.

Sin embargo, a medida que han pasado los días, las semanas y los meses, las restricciones que se han impuesto en este aislamiento ha favorecido en cierta forma una nueva modalidad de negación como  mecanismo de defensa y una fabulosa excusa para muchas personas

Per ¿excusa para qué? Bueno, el abanico es amplio, desde una una excusa para la desidia, la dejadez, la falta de compromiso con una conducta alimentaria o de sueño saludable, hasta para pretender hacer que se vea divertido exponer y exponerse e situaciones que naturalizan ciertos aspecto bastante nocivos para la vida cotidiaa.

Una de estos aspectos fundamentalmente abraza la idea de que para pasar esta cuarentena es necesario vivir en estado permanente de distracción, divertimento, alegría o euforia, donde no se permiten espacios ni para el pensamiento la reflexión y para conjugar la realidad dentro de un espacio y un tiempo en donde tengan cabidas otras emociones y sentimientos propios de la vida humana. 

Se han naturalizado como graciosas situaciones de violencia, de discriminación, de agresiones o de ideologías de las cuales como sociedad hacemos alarde de nuestro disgusto, pero que en el contexto del "divertimento"se ven como graciosas y que no atacan ni son expresiones negativas de las conductas, aunque estas conductas muchas veces las observamos en la vida cotidiana y nos provoquen rechazo o desagrado.

Es normal ver en el uso de redes sociales la búsqueda de este estado permanente de fingida felicidad y "buena onda" y dentro de ellas escenas, tomadas en solfa de situaciones que se dan en la realidad y que son altamente nocivas, como los celos desmedidos, los gritos, los golpes, la discriminación y hasta el delito.

Además, parece concurrir a estos eventos una especie de auto referencia positiva respecto a la liberación a partir de la pérdida de temor al ridículo, algo que es saludable en un contexto onde el sentido del humor es un sentido, un criterio o postura y no  un recurso aleatorio para suplir carencias.

De modo que observamos a muchas personas que se han instalado en la comodidad de la cuarentena para por un lado ahogar con declamaciones falsas su desgano y la comodidad de no tener que cumplir con ciertas obligaciones laborales, la de poder permanecer sin necesidad de mantener hábitos de higiene personal, rutina de ejercicios o regimenes alimenticios, rutinas de de trabajo que resultaban agobiantes y sobre todo, la sensación de estar liberado de absolutamente todo límite y poder disponer de cualquier tiempo y espacio para manifestar y expresar un estado continuo de euforia y de un presunto crecimiento en viertud del crecimiento del numero de personas que logran sumar a sus listas de seguidores o admiradores, y de paso, cumplir una fantasía, alcanzar la meta de ser visto, querido y admirado por mucha gente, la sensación de popularidad y de ser centro de atención de las miradas, ser el protagonista de una historia que no tiene un libreto ni un desarrollo sino que se va desarrollando a medida que esos presuntos logros van acomodando dentro de cada uno esa sensación que los hace sentir importantes. 

Como mecanismo de defensa es obvio que expuesto esto ante quien se comporta de este modo, siempre niega el hecho y rotundamente afirma estar convencido de que solo se trata de una manera de "pasar el tiempo" o de "no aburrirse" Nadie admite libremente y con absoluta aceptación, de que estos actos se han convertido en una adicción por cuanto resumen una dependencia casi absoluta de este estado para no caer en depresión o angustia, lo curioso es que al profundizar en la vida de estas personas notamos que lejos de no padecer angustia o depresión, se han convertido en esclavos de esas carencias y de la droga que les mitiga o aligera la carga emocional que portan, ya que de no poseer dicha carga, obviamente no necesitarían recurrir a dichos actos. 

En el próximo artículo desarrollaré más en profundidad una lista enumerativa de algunos de estos alcances, de las causas y efectos que hacen que la cuarentena para muchos se haya convertido en la excusa perfecta y que seguramente cuando esto termine y se retome un ritmo de vida más o menos normal sufrirán variados síndromes de abstinencia y sus consecuencias, directas e indirectas a corto, mediano y largo plazo,.

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