Algo que ocurre y va a ocurrir...
Es muy frecuente encontrarse con declaraciones y expresiones que enuncian un sentimiento de humildad y de modestia, una auto referencia al valor de la humildad, considerándose a si mismo como persona humilde, incluso utilizado algunos términos muy trillados como el "soy simple y sencillo", estas declamaciones forman parte de un ideario colectivo que conforma lo que se llama cultura ideal, y nadie quiere quedar excluido de este valor, por el contrario, se hace incapié en que uno posee tal condición y se supone que actúa en la vida a partir de este principio o criterio.
Sin embargo cuando pasamos a la cultura real y
observamos que se pretende mostrar como gracioso un hecho que está inundado de
soberbia, falsa modestia, orgullo y pedantería empezamos a dudar si realmente
la persona posee este principio, si lo disimula o realmente cree que en un
contexto teóriocamente divertido y que expresa en cierto modo una ficción puede
darse el lujo de manifestar todo lo contrario a lo que indica el valor
declamado.
Surgen aquí las historias, videos y alocuciones
haciendo mención de grandes virtudes o merecimientos, de que nuestra postura y nuestras ideas son superiores y que la
del resto son inferiores, se descalifica el actuar ajeno en virtud del presunto
actuar ejemplar nuestro y se forjan frases lineales y sentenciosas sobre el
particular, del tipo: Yo soy mejor, merezco lo mejor, yo no admito que alguien
se equivoque, el que se equivoca debe ser castigado, es bueno tomarse revancha
ante un acto en nuestra contra, y se termina naturalizando que la idea de cada
uno, es la válida y la que corresponde usar en cada caso, sin ningún tipo de
contemplación por la circunstancia del otro o de los atenuantes que puedan
existir, la historia empieza y termina
con el alarde de nuestra propia virtud y la defenestración del acto, el dicho o
la idea ajena.
El otro principio, paradigma o valor del que
hacemos alarde es el de no a la violencia, no al racismo, no a la mofa o a la
descalificación del diferente o del que consideramos que por diversos motivos
no es igual a nosotros, pero luego, en ese contexto de redes sociales vemos con
demasiada frecuenta escenas de profunda violencia, de alto contenido
discriminatorio y de burla, mofa y descalificación de todo aquel que no
pertenece o no se encuentra dentro del entorno que consideramos "tiene
onda" o se ajusta a nuestro criterio o parecer sobre las cosas. Dentro
siempre del supuesto contexto del divertimento y el humor, se ven escenas donde
personas golpean a otras, donde las insultan, donde se naturalizar y se ve como
gracioso el celo enfermizo, o distintas patologías del carácter, hechos que
ocurren en la realidad, pero que sin embargo mostrados en ese contexto de la
diversión permanente y la "buena onda" se ven y se aprueban como algo
que no lesiona, no molesta ni forja criterios o ideas negativas, y tampoco
influyen luego en los actos de las personas.
Esta idea es totalmente falsa, en cualquier
contexto que se haga o se mire, estas escenas van configurando ideas, formas de
entender los actos que luego van forjando maneras de proceder, aun sin ser
conscientes de ello, pero alcanza con poner en tela de juicio este hecho para
que las personas reacciones de forma negativa o incluso violenta, lo que viene
a demostrar que efectivamente, la naturalización de estas escenas produce un
cambio crucial en las ideas y en la forma de concebir la conducta.
Como ya hemos dicho con la magnífica excusa de
la cuarentena, hemos abordado casi cualquier tema, desde los más frívolos hasta
los más sensibles y traumáticos de manera tal que se han naturalizado como
objeto de forma, es decir, que el medio se ha convertido en el fin en si mismo
y todo es válido y plausible de ser entendido como diversión, ficción, y
alegría o entretenimiento, sin reparar en el daño que se produce y que no sólo
afecta a alas personas en el presente sino que han de afectarlas en un futuro
en el cual ya no haya tanto tiempo para dedicarle a este tipo de actividad
social a distancia, que en definitiva es el uso y la interacción en redes sociales.
Prevemos que si no se toma conciencia y no se
toman algunas medidas, en el momento en el que la cuarentena llegue a su fin,
quedarán secuelas de una nueva manera de enfrentar y de entender la realidad y
de abandonar actos, pensamientos y conductas que podrían haberse dirigido hacia
un mejor y más alto bienestar emocional.
Seguramente ha de producirse un golpe, un
shock, que afectará la vida de millones de personas, tal como lo hizo la
pandemia y el aislamiento, salir de ese entorno y de esa situación no será tan
fácil como algunos creen y aunque se hable de una nueva normalidad en realidad
lo que va a producirse no es una nueva normalidad sino una nueva concepción de
lo que es aceptable y de lo que no, ya que entendemos como normalidad volver a
una vida tal y como era antes de la cuarentena y la figura de nueva normalidad
induce a la idea de que no va a ser normal la vida sino que va a sufrir
alteraciones, algunas a largo plazo y otras tal vez de manera definitiva.
En esto no hay que descartar la manera, la
forma y la estructura de las distintas redes sociales, en algunas, al actividad
y la interacción permite la expresión en tiempo diferido tanto de quien genera una escena como de quien la
recibe, la ve, analiza y responde a ella, mientras que en otras la interacción,
aunque con severas restricciones se hace en tiempo real y eso posibilita dos
cosas, el protagonismo y la sensación de protagonista del generador de la
escena y el rol pasivo, receptor y a veces responsable de la respuesta de una
manera muy limitada en la que frecuentemente el mal entendido, o la falta de
lectura contextual o de la capacidad para interpretar textos y no palabras
sueltas produce un efecto altamente frustrante y negativo en muchas personas.
Esta interacción en tiempo real produce también
una confusión respecto de cuales son las metas importantes en la vida de cada
persona y se resumen en una cuestión de cantidad, cantidad de visitas a mis
generaciones de contenido, cantidad de personas que lo aprueban y / o lo
comentan, cantidad de personas que siguen al generador del contenido y la
profunda desazón que le produce a muchos no tener el supuesto "éxito"
que suponen han de alcanzar alcanzando esas cantidades, de modo que de un
criterio de cualificación pasamos a un criterio de cuantificación de todo, y el
sentido competitivo se desvirtúa por completo ya que la sana competencia incita
a mejorar y no a renegar de los logros no alcanzados.
Esto hay que insertarlo en el contexto de que
no son muchas la personas capaces de manejar la frustración, y la someten a la
confusión de apreciarlas como una sensación de fracaso, la diferencia entre
ambas es que la frustración permite aprender y crecer y la sensación de fracaso
propende a la paralización y la desidia.
Como fuera que quiera ser entendido, hay
cuestiones que ya existen, casos demostrados a través de la observación y el
análisis de tales situaciones, la aparición de patrones de conducta y de
respuesta a los estímulos que nos permiten asegurar que a pesar de que el
paradigma o la consigna es la diversión y el esparcimiento, sólo un muy pequeño
porcentaje de personas logran tal objetivo, por el contrario, vemos que en la
mayoría se dan casos de dependencia, adicción, competencia estéril,
intercambios violentos, agresiones verbales, celos, y una absoluta
despersonalización, es decir, olvidamos que del otro lado hay personas y
solamente los vemos como un número, una estadística o la medida de nuestro
propio éxito o fracaso.
Es probable que todo esto ya estuviese
incorporado en nuestra psiquis, y que el aislamiento haya funcionado como una
especie de lupa que agranda y hace notar más aún algunos aspectos negativos de
nuestro proceder y de nuestras propias contradicciones, pero no cabe duda que
este fenómeno ha producido nuevos alcances y nuevas maneras de ver las cosas,
de entender de manera distinta la misma idea y ha producido varias
connotaciones que no es posible comprobar si se hubiesen dado de no existir
este aislamiento.

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