La falsa terapia

La falsa idea de terapia.

            Desde que Freud inició el camino hacia el entendimiento de la sicología humana, el mundo, y la ciencias, han evolucionado y avanzado a pasos gigantescos. Algunos de los postulados de Freud son la base para ese entendimiento, pero no siempre se ajustan a la realidad que hemos podido demostrar con el tiempo, la observación y la experimentación.
Hay que aclarar demasiadas cosas y trataré de ser concreto y breve. Freud, salvando las distancias, tuvo ante sí el mismo problema que tuvieron los primero filósofos de la historia, no tenía material previo, estudios anteriores ni una base experimental o modelos teóricos que le permitieran acertar en sus conjeturas y conclusiones. De hecho Freud fue un visionario, una persona capaz de explicar cosas que nadie hasta entonces podía explicar y lo hizo de modo convincente y bajo el rigor de ciertos modelos o criterios científicos. No es su culpa no haber acertado en algunas cuestiones, al contrario, ha sido un mérito muy grande el haber abierto la puerta al estudio de estos fenómenos que nos afectan a todos los humanos.
Los discípulos o seguidores de su corriente, avanzaron sobre los principios abordados por Freud, los fueron completando y mejorando con el tiempo, sin embargo mantenían la misma base, la misma estructura o punto de partida, el psicoanálisis.
Con la aparición de nuevas corrientes de pensamiento y de estudio, nos fuimos dando cuenta que existen factores que escapan al marco del psicoanálisis y la misma evolución de las sociedades y su forma de vida, el virulento cambio de paradigmas y el desarrollo de las tecnologías, el cambio de las relaciones laborales, personales y la idiosincrasia, hicieron necesario rever algunas asuntos que se daban como hechos certeros, casi como leyes universales de la sicología.
Una corriente, el transaccionalismo, plantea que el psicoanálisis es útil para atacar un tiempo del problema, el pasado, es decir, su estructura básica está dirigida a analizar para encontrar el origen de un problema, como en la medicina, encontrar un diagnóstico que nos haga identificar la patología y saber que es ella la que está provocando los síntomas que observamos y sobre todo que las personas observan en sí mismas y que le hacen recurrir a la ayuda sicológica y se aboca a atacar el futuro o la prevención, es decir, evitar que el conflicto llegue a un grado tal que haga falta analizar el origen, no es tan importante curarse de un mal, sino evitar que siga produciéndose.
Luego aparece otra corriente, la gestálquica, que descarta esta idea y plantea algo más o menos así como "cúrese primero y luego se analiza, es decir, ataca el presente, ya no el pasado ni el futuro como las corrientes anteriores.
Ocurre que en el complejo mundo de sicología humana, existen los sicólogos, que son personas igual que el resto de la gente y como el resto de la gente muchas veces recurren a cuestiones que no están dentro de un planteo demasiado racional o bajo un rigor más o menos científico, y aparecen los cultores de las "alternativas" que funcionan en base al núcleo del aparato psíquico humano, la sugestión. Ya veremos de que se trata la sugestión, pero básicamente, y en muchas formas y maneras se trata de remplazar a los hechos objetivos y certeros, las respuestas obtenidas bajo rigor y experimentación, por otras cuestiones relacionados con lo dogmático, es decir con creencias, pareceres y pensamientos que nos pueden llevar a suponer que algo es correcto, que de verdad nos ayuda y que de hecho sentimos que nos hace bien, pero en realidad estamos gastando tiempo y energía en exceso, ya que en realidad no resolvemos el problema que traemos sino que lo cambiamos por otro distinto, menos pesado y más ameno, y de apoco nos hacemos dependientes de esa sensación de satisfaccíón o bienestar que percibimos.
En general la idea que tenemos sobre concurrir a una sesión con el sicólogo, es, sentarnos o acostarnos, relajarnos y contarle nuestros o nuestros problemas a alguien que escucha y en determinado momento nos pregunta cosas que nos hacen pensar, o simplemente llega a una conclusión de cuál es nuestro diagnóstico, pero no mucho más que eso. Cualquier otra cosa por encima de esto que aborde un psicoanalista lo hará por motus propio, de acuerdo a su parecer o su curiosidad por buscar alternativas o el mejoramiento de ss conocimientos, actualización en el terreno en el que actúa, etc. Pero su formación está orientada a tratar el pasado, a analizar y buscar el origen.
Por otro lado el transaccionalista buscará la forma de evitar el contacto con el pasado y su planteo irá guiando a la persona a que prevenga en el futuro volver a caer en el problema actual.
Un gestálquico, intentará no abordar el pasado ni hacer pensar en el futuro sino que intentará que la persona viva el hoy y ahora, no tratará la enfermedad en si, sino el síntoma, sin percibir el síntoma, la sensación es que el problema no existe, o en todo caso el problema pasa a ser asintomático y por lo tanto no tenemos la percepción de estar teniendo un problema.
Ahora hablemos de lo que es en realidad un proceso terapéutico. Ya que nos hemos acostumbrado a llamar terapia al hecho de concurrir a un sicólogo, es bueno saber que es una terapia.
Un proceso terapéutico es una secuencia donde la persona llega con un problema, hace un tratamiento y se va curada. Si lo vemos desde la perspectiva médica o clínica, es como tener un dolor en el abdomen, ir a una consulta con el médico, hacerse estudios, análisis y demás, y a partir de allí tener el diagnóstico y proceder a un tratamiento, sea este medicinal, quirúrgico o el que sea necesario.
Visto así, el diagnóstico por si solo no nos cura el problema, por lo tanto prevenir que no nos siga ocurriendo es un tanto complicado, y pensar que la sola visita al médico sin proceder al tratamiento ha de curarnos es totalmente absurdo.
Pues bien, esto que parece ridículo o al menos muy poco convincente, ocurre con demasiada frecuencia en el terreno de la sicología. Por lo tanto, aún convencida la persona de que está haciendo "terapia" en realidad no es terapia lo que está haciendo.
Prueba de esto es la enorme cantidad de personas que pasan meses y años yendo a "terapia". Esto demuestra que no sólo no se trata de una terapia sino que además se ha convertido en dependencia, ya que en vez de instruirnos respecto de un criterio para usar en cualquier circunstancia de conflicto, ante cualquier conflicto necesitamos la guía o el desahogo de ir al sicólogo para "descargar" y poder atravesar el momento con el menor trauma posible.
Esto atenta contra el negocio, si, dije negocio, de los sicólogos, que durante años van llevando a sus pacientes a una especie de túnel en el que le muestran la luz al final del mismo pero no les enseñan como caminar solos hasta llegar a la salida, aún más, ni siquiera los instruyen respecto de que esa visión de túnel condiciona y limita la visión y achica los puntos de vista, ya que no ver el azimut, y tener visión de radar, nos enfrascamos en querer ver y llegar a la luz al final del túnel, un túnel demasiado largo y lleno de obstáculos.
Hoy en día ya no se trata de lo que se cree, los pareceres y las sugestiones, si bien es cierto que aún tenemos más dudas y preguntas que respuestas y certezas, existen y contamos con algunas certezas, demostradas fehacientemente y corroboradas por la experimentación bajo rigor científico, hechos objetivos de la realidad que no pueden ser cuestionados, salvo que se aborden desde una cuestión de fe, de creencia o de obstinamiento por no aceptar lo que está allí, clara y contundentemente demostrado.
Por si queda alguna duda, no estamos diciendo que el pscicoanálisis es totalmente inútil o innecesario, solo decimos que constituye una parte, y solo una parte del proceso terapéutico completo.
El hecho es que sirve conocer el origen de los problemas, pero hay patrones muy arcados de síntomas que hacen innecesarias largas sesiones de análisis, basta con observar de forma correcta los síntomas, para saber la raíz del problema, del mismo modo que un médico no necesita demasiado análisis para observar unas anginas, el sicólogo no necesita conocer la historia de vida de su paciente para saber por qué le está pasando lo que motiva la consulta y esto ocurre porque hemos podido observar y demostrar que las distintas sintomatologías responden a patologías concretas, es decir ya conocemos su origen y por lo tanto, el análisis profundo se hace totalmente inútil.
En resumidas cuentas, atacar por separado algunos de los tres tiempos del problema (pasado, presente y futuro) no permite completar el proceso terapéutico, es necesario un abordaje integral y concatenar los tiempos de modo que conociendo el origen, podamos ayudar en el presente y prevenir en el futuro, y el sicólogo, más que escuchar, debe instruir, debe indicar y guiar al paciente para que éste forje un criterio, pueda identificar la situación y conocer las técnicas para sobrellevar el problema y resolverlo. Un verdadero atentado en contra del gran negocio que se ha formado alrededor de la "terapia", y esto es porque en casos extremos una terapia verdadera no puede durar mucho más que tres o cuatro meses, de hecho en los países avanzados, ningún sistema de salud contempla la necesidad de una terapia sicológica por encima de los cuatro meses de duración, y es que en promedio, ese es el tiempo que le lleva a una persona con sus facultades mentales en orden, a entender y asimilar la instrucción necesaria para resolver su problema, un tiempo en el que el paciente puede ir descubriendo cuales son sus dudas, sus debilidades, sus puntos fuertes y aprender a manejarse sin la dependencia permanente de su analista o terapeuta.
Aquello de "estuve 10 años en terapia" es cosa del pasado, es como si por una apendicitis, estuviese internado 5 años a la espera de una intervención que solucione el problema de raíz.
Las personas podemos aprender a nadar o usar a alguien que nos lleve a cruzar el río, podemos aprender a pescar o esperar que nos den el pescado, podemos tener un criterio general que nos ayude en todas las situaciones o creer que para cada situación hace falta un criterio distinto,. En realidad, esta percepción se da porque en la vida necesitamos varias herramientas para hacer diversa cosas, pero si  lo pensamos, cambiar de herramienta no significa cambiar de criterio, si un mecánico aprendió bien su oficio usará distintas herramientas pero su criterio será siempre el mismo, abordará el problema de la misma manera en función de su conocimiento y su experiencia, y lo mismo pasa con los problemas de orden psíquico.
A veces necesitamos clavar un clavo y por lo tanto usaremos un martillo, otras veces deberemos quitar un tornillo de una pared y usaremos un destornilador, o tendremos que cortar una tabla de madera y usaremos un serrucho, pero no podemos preguntarnos y dudar respecto de qué herramienta necesitamos para cada tarea y esa es la misión del terapeuta, ofrecer y brindar herramientas para que el paciente logre establecer una relación entre el problema, y la manera de encararlo y las herramientas que necesita usar.
Es  obvio que una sola cosa no alcanza, alguien que sabe mucho de mecánica si no tiene ninguna herramienta está en la misma situación del que tiene el mejor taller del mundo y no sabe nada de mecánica, del mismo modo no alcanza con observar algo sino que también hace falta saber qué significa aquello que estoy observando.
La sicolgía no es una ciencia exacta, en la conducta humana rara vez existen líneas rectas, y teniendo en cuenta que somos las personas tratando a las personas, intervienen una serie de elementos subjetivos y particulares que hacen que esto sea endomoniadamente complejo si no nos tomamos el trabajo de ir separando en partes, y aprendiendo de forma gradual.
Tampoco el aprendizaje termina con el fin de una terapia, las personas siguen aprendiendo día a día, con la experiencia a forjar criterios y posturas frente a la vida, es un proceso constante y permanente, lo cual hace imposible que durante toda la vida dependamos de la guía o el desahogo frente al sicólogo.
Lo más frecuente es escuchar que esto le ha servido de mucho a la persona y que ha podido sobrellevar sus angustias y problemas y es cierto, pero insisto, no es necesario pasar 10 o 15 años en terapia para resolver un problema, porque en realidad un problema es una serie de factores que nos paralizan y nos asustan de tal manera que no sabemos como responder, y buscamos la respuesta, no a la pregunta general sino a cada pequeña duda o pregunta que nos hacemos, tornando lo que puede ser un problema menor en un conflicto severo.
Noten que no estamos hablando de un problema en particular, porque los problemas y angustias y conflictos a los que nos enfrentamos en la vida son casi infinitos, todo el tiempo nos encaramos con cuestiones que nos hacen dudar y nos angustian, y es porque no es necesario de hablar de un problema en particular sino del criterio que debemos aprender a usar para todos los problemas que se nos presentan.
El otro problema es que es mucho más difícil explicar y resumir esto que hacerlo, ya que con las técnicas actuales, en realidad es bastante sencillo acceder a la instrucción y poder cambiar un paradigma, un prejuicio o una idea previa, salir del torbellino y entrar en la zona calma, para vivir una vida más plácida, con menos conflictos y la posibilidad de hacer frecuentes los momentos de alegría y bienestar.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

PROTOCOLO PSICOLOGICO - COVID-19

Qué es y qué no es la hipnosis

MEDICAQCION PSIQUIATRICA, EL TOBOGAN HACIA LO OSCURO.