Cómo afecta la pandemia a las relaciones humanas. Primera Parte

 Cómo afectó la pandemia a las relaciones humanas.

PRIMERA PARTE.
Sería muy pretencioso resumir un tema tan complejo en apenas unas cuantas carillas, las connotaciones sobre las relaciones humanas en tiempos de crisis es un fenómeno que se ha estudiado y se estudia en todo el mundo pero los efectos difieren bastante de acuerdo al marco referencial, tiempo, espacio, es decir en que tiempo se produce y donde se produce. No todas las sociedades tienen la misma cultura, la misma idiosincrasia ni las mismas condiciones socio económicas, de habitabilidad y acceso a bienes y servicios, y de hecho el poder adquisitivo de una sociedad influye notoriamente en el comportamiento de los individuos en relación a los demás y al medio.
Lo primero que podemos afirmar es que la necesidad del distanciamiento físico ha reforzado la disgregación y ampliado la despersonalización, es decir hoy acudimos a medios telemáticos para realizar muchas tareas que antes se hacían de forma presencial, pero además hoy podemos conectarnos con mucha más gente sin salir de nuestros hogares. Esto que a simple vista parece una ventaja y una facilitación de la vida cotidiana esconde tras de si una amenaza muy concreta, la pérdida del ejercicio de la corporidad, o la entidad humana frente a los demás. Por lo tanto afecta directamente las conductas que las personas adoptan frente a la relación con otros, por inercia vamos adoptando una postura mas individualista, más egocéntrica y empezamos a querer compensar o equilibrar algo que no es consciente, esto es, el roce, la cercanía y el contacto directo con otras personas fuera del círculo íntimo o más cercano.
Por otro lado las relaciones ya existentes, que tenían una especie de rutina diagrama del tiempo en que convivían, es decir en el que estaban juntos, se alteró completamente y las secuelas individuales de cada uno, combinadas, produce desencuentros, disputas, y alteraciones al orden que parecía estar establecido y que nada podría alterar ya que en el medio corre, o está en juego el sentimiento, el afecto, la cercanía afectiva o empática con el otro.
Cuesta mucho entender que en estos casos sólo se puede hacer una cosa, y es racionalizar lo que es posible racionalizar, utilizar nuestra parte pensante y capacidad de discernir, para identificar el contexto, tener una noción de la realidad tanto la propia como la ajena y de ese modo, establecer nuevas pautas internas que nos lleven a conductas menos nocivas.
El agravamiento de la incorporidad, se agudiza aún más cuando notamos que el ambiente se torna por lo general violento, irascible e intolerante, estos nos lleva a activar mecanismos de defensa o preservación que nos lleva a un aislamiento y a una menos comprensión de los factores que promueven las buenas relaciones. El núcleo del aparato psíquico, la sugestión, nos juega a menudo malas jugadas, nos juega sucio y nos hacer ver y creer que tenemos una convicción cuando en realidad sólo tenemos una concepción del asunto, y como nadie aprende aquello que ya cree que sabe, solemos ir a la deriva dejando que las cosas nos salgan como nos salgan y recurrimos a justificaciones tales, como es lo que debe ser, lo que debe ocurrir ocurrirá, si no fue es porque no tenía que ser, etc. Estas muletillas nos refleja y ponen de manifiesto que se está tratando de emparchar a angustia, la ansiedad y la carencia, disimula la percepción de que no estamos siendo capaces de relacionarnos a nivel humano sin imponer tantas barreras y condiciones y por lo tanto, se suma esto al resto de las dificultades naturales y añadidas y se convierte en una especie de laberinto en donde nuestras mismas expresiones se contradicen con nuestros actos o con nuestra conducta o con nuestras posturas frente a los distintos hechos que tienen que ver con la relación con "otros"
Hay que decir que "otros" son todos salvo uno mismo, hijos, parejas, padres, familiares, amigos, todos son "otros" pero también son otros gente con la cual nos relacionamos eventualmente, cuando viajamos en un transporte público, cuando vamos a hacer compras, cuando vamos a realizar un trámite, etc, y también son otros algunos objetos materiales con los que no relacionamos, revirtiendo la ecuación sujeto-objeto, es decir el sujeto pasa a ser objeto y los objetos sujeto de nuestras reacciones. Esto no tiene nada que ver con la necesidad humana de que los sujetos debemos convertirnos en determinados objetos para el otro, porque aquí objeto no significa cosa, sino objetivo, elemento depositario de algo nuestro, objeto de confianza, objeto de deseo, objeto sexual, objeto de afecto, etc. De lo que hablamos es de convertir cosas, objetos materiales en sujetos de nuestra relación, lo convertimos en otro, y reaccionamos ante él como si si se tratara de una persona.
Otra connotación que se potencia es la mascofilia, es decir, entender el amor o el cariño y el respeto por las mascotas como una forma humanizar al animal, atribuirle condiciones y características humanas que no posee y depositar en él una líbido desplazada a raíz de la carencia del contacto humano.
Es muy simple, una mascota no nos contradice, no nos discute, no debemos negociar con ellas y nos brinda la mejor parte de una relación, compañía, afecto, cariño, lealtad...
Y esto suma a la despersonalización y a la disgregación, incluso a las neurosis como paranoia, obsesiones maníacos depresivas, etc.
Esto no es nuevo, una frase muy antigua reza que cuanto más conozco a la gente más quiero a mi perro, y es natural que esa idea surja espontáneamente porque la relación entre pares es mucho más compleja que una relación con una mascota. Lo que sucede es que la profundización al extremo de esta idea nos aleja cada vez más del ejercicio humano del contacto visual y erótico, cada vez somos menos sensuales y más sexistas, no podemos distinguir la dimensión no física de la sexualidad del resto de los vínculos incluso de la misma sexualidad física.
En los siguientes artículos veremos de que manera todo esto nos afecta en lo cotidiano, en hechos, acciones y omisiones de todos los días y como esto va forjando un criterio que termina por dificultar enormemente las relaciones humanas.

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